sábado, 31 de octubre de 2009

EL MILORD Y LOS ESPAÑOLES.

Al viejito siempre le gustaron los animales. Rara era, y sigue siendo, la ocasión en que al ver alguno, de los llamados irracionales, se entiende, no sintiera, siente, la tentación de prodigarle un mimo, una caricia. La cicatriz más antigua de la que él tiene conciencia está oculta por su pelo, ligeramente por encima de la frente y, según le contó su madre, porque de eso si es verdad que no se acuerda, es consecuencia del mordisco de un burro. Su memoria sí conserva la imagen de los pollinos que las lecheras “aparcaban” a pocos metros del portal de su casa, y a sí mismo colgándoseles del pescuezo.

El Milord era un perro de hermosa estampa, con toda la pinta de un pastor alemán, pero sin pedigrí. Toda su vida había permanecido encadenado, lo cual, suponía él, había convertido al animal en una verdadera fiera. El butanero podía dar fe de tal fiereza, pues bastó que pasara bordeando el límite de su territorio, marcado por la longitud de su cadena, para dejar media pernera del pantalón entre los dientes del can. No admitía bromas ni de su dueño, un familiar del viejito.

El muchacho, que en aquel momento era el viejito, fue descubrir al animal durante una visita a la finca del pariente y sentir unas irreprimibles ganas de acariciarlo. ¡Qué va! Sólo con dirigirle la palabra, a la distancia “reglamentaria”, ya recibía un sordo ronquido amenazador complementado con el erizamiento manifiesto en cuello y lomo.

Tres años le costó conseguir que el perro compartiera su sentimiento. Y entonces desenganchó la cadena de su collar.

¡Qué locura! Baste decir que en la primera arrancada terminó estrellándose contra la pared, gimió y cayó rebotado al suelo, pero ahí mismo volvió a salir como un cohete sorteando a toda pastilla unos árboles sí y otros no hasta agotar la última gota de combustible y quedarse plantado, con la cabeza agachada y la lengua afuera, respirando afanosamente.

Quizá sea una apreciación senil, pero el viejito encuentra mucha similitud entre el Milord de ayer y los españoles de hoy.




jueves, 29 de octubre de 2009

ES INÚTIL.

Y desesperante por lo mismo, por inútil. Hay quien persevera y no desespera, seguramente porque tiene un implante cerebral con la máxima: “El que persevera triunfa”.

No es mala la postura, ¡claro que no! La voluntad acerca más al triunfo que la razón. Sin embargo, la posibilidad del triunfo estará definitivamente marcada por el fin que se persigue. Algunas metas sólo serán accesibles para mentes privilegiadas, al igual que otras serán privativas de férreas voluntades. Eso en lo personal.

Lo plural es más exigente. Requiere de la sociedad la conjunción de todos los valores y, ¡además!, de una dimensión temporal adaptada a su perspectiva de vida.

Así pues, dado que la sociedad está, mayoritariamente, constituida por simples seres humanos poseídos por su egoísmo, dado el cada vez mayor consentimiento para lograr lo que sea como sea, y dado que esta generación es, por lo visto, incapaz de ver el abismo hacia el que camina, o considerando, por su parte, que el batacazo al que, ineluctablemente, ha de llevarla su desvarío no lo van a sufrir sino generaciones venideras, no vale la pena ofrecer en sacrificio horas de insomnio que no hacen sino más penosa la vigilia.

¡Pero! lamentablemente, como decían que decían en los montes, en su día, de Pelayo: “Caún ye caún”. Y el que nació delfín no puede ser atún. Por eso tú puedes leer estas palabras.

miércoles, 28 de octubre de 2009

NO PUDE VER AL ALCORCÓN CAGARSE EN EL MADRID. Y VALDANO


Una de la infinitud de causas que me hacen insoportable esta forma de gobierno:
Los gobiernos democráticos están para lo que están y lo hacen de manera tan impúdica que voy a usar la forma de expresión del otro: es de vomito, cómo los gobernantes utilizan el gobierno y, en general, los políticos la política. Y lo que resulta aún más vomitivo es la actitud del pueblo aceptándolo, a regañadientes o no, pero ahí siguen los vividores falseando y trepando sobre los hombros de los insensatos que se los ofrecen.

Me desmadro sin querer. Retomo el motivo que me sentó a teclear: que no he podido ver el partido, naturalmente porque no estoy abonado a Canal Plus, lo estoy a Telecable, que a partir del uno de este mes entrante me hará pagar nueve euros mensuales más para ver la mitad menos de partidos, pues yo los únicos que veo son los del Madrid, que antes podía casi todos y que ahora se repartirán con la competencia. Bien, pues considero que el fútbol, no es menester hablar de lo que este deporte significa en este país, el fútbol, decía, debería emitirse por la pública, cobrando, mira tú que forma de recaudar sin incrementar los impuestos, pero de forma que “to dios” que quisiera pudiera ver el puto partido que le diera la gana.
Dicho lo cual, a otra cosa mariposa.

Florentino, pasado el de gastar, ha llegado el momento de exigir. Y no voy a enrollarme, lo diré con las menos palabras posibles: éste es justo el instante en que debes poner bajo los focos a Valdano. El argentino no debe seguir en su cartilla personal con la misma duda positiva que, los de antes, portaban en su cartilla militar: Valor.- Se le supone. Dale vía al chileno para que, si así lo desea, pueda continuar en su país las vacaciones que no interrumpió cuando lo fichaste y ordénale a Valdano que se ponga el traje de faena, ya lleva mucho tiempo viviendo de la lengua, tiene que demostrar si lo suyo es algo más que un puro blabla.
A mandar.

lunes, 26 de octubre de 2009

LA TIERRA Y SU CÁNCER.

Ahí está el cáncer. En el mundo de células que es una unidad de vida – el ser humano pongamos por caso –, coexisten en perfecta armonía diferentes grupos especializados que conforman el ser y que siguen la, que debiera ser, inexpugnable ley de reproducirse y morir para ser sustituidas por las que han de vivir para a su vez reproducirse y morir. Un proceso de renovación que se repite una y otra vez a fin de mantener con vida el organismo que componen, ¡hasta que de pronto! – vaya usted a saber por qué –, algunas células son tocadas por una “gracia” que las hace “reinas” , éstas sí, inexpugnables, inmunes al ataque de cualesquiera otras de su mundo. Ello les permite “sobrevivir” y seguir reproduciéndose ya signadas por su condición hegemónica, invasora y destructiva que corroe cuanto tocan en su inexorable avance, hasta que, en su afán de dominio, terminan con la vida del ser que es su mundo, poniendo su egoísmo, de esta forma, fin a su propia existencia.

No es necesario esforzarse mucho para encontrar la paralela a una línea de evolución. Una cuestión ésta que le sería muy útil a nuestra especie para conocer el futuro sin necesidad de adivinar.
El ser humano, en su origen, se haya integrado en un mundo exuberante y fecundo regido por leyes naturales que mantienen su equilibrio perfecto, ¡hasta que de pronto! – vaya usted a saber por qué – es tocado con la gracia de la inteligencia. Se convierte en el rey de la Creación, y ya signado por su condición hegemónica, poseído de un egoísmo ilimitado, arrasa con todo lo que se interpone en el camino sin fin por el que le llevan a transitar sus ansias de poder y riqueza.

De la mano de su estúpida inteligencia, avanza hacia un desenlace fácilmente previsible el hombre, el cáncer de la Tierra.

domingo, 25 de octubre de 2009

EN EL MADRID YA NO VEO A NADIE DE PIE.

Al que siempre tuve vertical, con todo y sus errores, era a Florentino, pero ya no. Lo consideraba más inteligente. Tan inteligente como para darse cuenta de que Valdano es un crak a la hora de sus encuentros con la prensa y con todos los interlocutores que le vayan saliendo al paso, pero su capacidad para determinar la valía de los demás de su competencia, técnicos y jugadores, no está a la altura, ni mucho menos, de la de sus facultades verbales.

No quisiste hacerme caso, Florentino. Ya sé que suena muy fastidioso, mas tengo que decirlo: ¡Te lo dije, Florentino! Jugadores prioritarios: Rivery y Di María, y el chileno que no ¡que no!

No me hiciste un coño caso. Y ahora, hasta tú haces que me salte la alarma. Naturalmente te voy a decir porqué: el rumrum de que quieres fichar a Gerrard. Ese es el motivo. Porque empiezo a creer que eres más caprichoso que cerebral. Porque ya el fichaje de Kaká me puso sobre aviso ante la posibilidad de esa tu característica. En tu primera presidencia sí, en este momento ya no. Kaká está ya más para rezar el rosario, o lo que sea que recen en su iglesia, que para jugar en el Real Madrid y, para darse cuenta de ello, basta con que quepa un dedo entre las cejas y el inicio peleril de la cabeza; sin embargo lo fichaste, ahora creo que fue para satisfacer un capricho, y me lo confirma el asunto Gerrar, que no puede ser otra cosa que un capricho más. ¡No fiches a Gerrar! ¡Es la misma vaina que Kaká! ¡Ya están quemados! ¡Ya no son jugadores para el Madrid!

Ah, ya puestos, sigue leyéndome, que te conviene. Hínchalos y lárgalos con la primera oferta buena que te llegue: Casillas (está a un pelín de convertirse en otro Kaká). Sergio Ramos (no tiene arreglo, falla más que una escopeta de ferias, en más de la mitad de sus pases da la impresión de ser un jugador del equipo contrario, sólo puede frenar al rival haciéndole falta y únicamente corre para adelante, antes de que regrese a cubrir su puesto da tiempo a fumarse un habano…). Granero, será buen chaval, pero mételo en la lista. A Higuaín, un buen precio ¡y ala! a corretear por otros campos con ese plus que le pone cuando juega por su país.
Ahora mismo ya no tengo más ganas de seguir repasando, ¡ah! ¡por favor! Quita de mi vista, ¡de una jodida vez ¡ a Raúl y Guti.
En fin, Pilarín…

¿Querrás enterarte, Florentino? Si no lo haces, peor para ti y para el club.

sábado, 24 de octubre de 2009

“LOS HOMBRES QUE ODIABAN A LAS MUJERES” Y LOS PATRIMONIOS.

Lo intentó con las tres novelas de Stieg Larsson y sólo pudo, le costó bastante salvar el primer montón de páginas, con “Los hombres que odiaban a las mujeres”, con las otras dos no hubo manera, no fue capaz de calárselas. Los hechos que se van sucediendo durante el desarrollo del guión resultan de un simplismo casi infantil, pueril, y sin embargo, ahí está la trilogía, un auténtico betseller. ¿Por qué?

En tiempos pretéritos, cuando el viejito era un soñador compulsivo, no se perdía ningún episodio de la serie “Kung Fu” de David Carradine. Miraba la pantalla del televisor con los ojos achicados, los labios y los dientes apretados, mientras con muda intensidad no cesaba de repetirle al villano: “Las vas a pagar, hijoputa”, “Las vas a pagar, hijoputa”… Y el villano siempre pagaba, y lo hacía en forma tal que, al hoy viejito, le traía un goce supremo, pues la justicia no era impuesta por quien tiene a su disposición todos los atributos necesarios para que el malo sepa que su única alternativa es la huida, no, qué va, en este caso, el malo se creía que no sólo podría continuar torturando a su víctima, sino que aumentaría la satisfacción de su sadismo con la incorporación de una nueva víctima propiciatoria en la persona del que parecía un chino apazguatado. Y, entonces, el maldito hijo de puta sufría por partida doble la acción justiciera. Era físicamente castigado y aplastado su despreciable ego al ser ajusticiado por el que, él suponía, iba a ser un juguete en sus crueles manos. ¡BIEN! Por qué no será ésta la forma de desarrollarse la vida real. Qué pena.

A eso, fundamentalmente, cree el viejito que se debe el éxito de las novelas en cuestión. Por eso fue que él consiguió leer la ya mencionada, con un primer y tercer tercio para desdeñar: la salsa se haya en el devenir que se desarrolla entre Lisbeth Salander y Nils Bjurman, su pérfido tutor; la jode y la jode hasta que ¡el hijo de puta, paga!

Todo esto acude a la mente del viejito atraído por la promoción de la nueva película basada en la obra de Larsson, que le traen a colación la increíble, imposible piensa él en la vida real, habilidad de Lisbeth como hacker y los patrimonios declarados por los dirigentes del PSOE. Si él estuviera facultado, convocaría a la niña de la novela para que investigara el estado financiero de esta pobre gente, los más de ellos con tantos años de abnegado servicio al pueblo, y lo garduña que, por lo visto, se ha mostrado con ellos el susodicho. Una recompensa, sin duda, más justa recibirían si sus quehaceres acontecieran en un guión de la serie “Kung Fu” o en una novela de la saga comentada. ¡Y qué alegría tan grande recibiría el viejito al ver que cada uno sería “recompensado” conforme a sus merecimientos!

viernes, 23 de octubre de 2009

LEY VERSUS JUSTICIA


No hay que buscar – en todo caso, refugio -. Es suficiente tener los ojos abiertos o los oídos despiertos. La injusticia nos acosa como un torbellino de hiriente virulencia. Incluso se ha instaurado en un mayor grado del superlativo en que a simple vista la observamos, pues, a veces, nos dan a conocer sentencias que parecieran justas, pero no, no nos llamemos a engaño, un seguimiento de su cumplimiento, interrumpido mucho antes de ser completado, no haría sino reafirmar nuestro criterio: en España no hay justicia. Claro que, como la culpa es una solterona a la que nadie quiere, al leer u oír esta afirmación, todos, con la lógica excepción de gobierno y adeptos, gritaran a una: ¡La culpa es del gobierno! Él es el que legisla y hace – o no – cumplir las leyes. No es así exactamente. Más culpa que el ciego la tiene quien pone el palo en su mano. Y lo más grave es que hay muchos que siguen ciegamente al ciego.

Llegados a este punto deberíamos preguntarnos: ¿Por qué se promulgan leyes contrarias a un mínimo razonamiento? ¿Por qué se dictan sentencias evidentemente ridículas? ¿Por qué hacer más retorcido y complejo lo que ya en sí mismo por fuerza ha de serlo, puesto que ha de dar adecuada respuesta a la infinita capacidad del ser humano para delinquir? ¿Por qué condenar a miles de años a quien no puede vivir más allá de ciento y muy pocos? ¿Por qué seguir enjuiciando por otros delitos a quien, con anterioridad, ya ha sido condenado a más de cien años? ¿Por qué reducir penas a quienes no pueden o no quieren reparar sus delitos? ¿Por qué la condición de menores otorga a estos el privilegio de cometer todas las fechorías que les vengan en gana, de la índole que quieran y tantas veces como les apetezca, pudiendo incluso violar y asesinar tan alevosamente como lo haría el más despiadado de los criminales y no son tratados como tales? ¿Por qué si nadie ignora los efectos de enajenación que pueden provocar el alcohol y las drogas, se consumen sin miramientos y el estar bajo sus efectos es considerado como eximente o atenuante de delito cuando, lógicamente, deberían considerarse agravantes, puesto que su consumo se hace a conciencia? ¿Por qué...? ¡Dios!

Una aproximación de las leyes, y de quienes las aplican, a la justicia significaría un alivio para los justos, oprimidos por la impotencia ante tanto desatino; un freno para quienes se ríen de la justicia; un bálsamo para la convivencia; una grata compañía para quienes están indefensos ante desalmados que convierten sus vidas – las de las víctimas, naturalmente – en un verdadero vía crucis…; la reducción de los espacios arquitectónicos dedicados al poder judicial, la de miles y miles de horas de trabajo improductivo, el malgasto de metros y metros cúbicos de papel...

¿Cómo un ser que se dice inteligente puede engendrar semejantes desatinos? La respuesta es para volverse loco.